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Aplicación 01

Pulseras de acceso a piscinas y zonas restringidas

El control de zona es el trabajo más simple que hace una pulsera: un lector en una puerta, una pulsera en una muñeca y una decisión en menos de un segundo. Es también donde los establecimientos descubren que lo difícil nunca fue la tecnología, sino decidir qué pasa con el huésped al que la pulsera dice que no.

Acceso a piscina y zonas

La cola es la especificación

A las once de la mañana, la puerta de la piscina registra la media hora de mayor afluencia de todo el establecimiento, y eso determina todo lo demás. Un lector que tarda un segundo y medio por huésped permite pasar a unas veinticuatro personas por minuto en teoría y a aproximadamente la mitad en la práctica, porque los huéspedes llegan en grupos familiares, cargados con toallas y con niños en brazos, y no acercan la pulsera correctamente al lector. Dos puertas a noventa segundos superan siempre a una a cuarenta y cinco, y casi siempre resulta más barato añadir un segundo lector que comprar uno más rápido.

Defina cómo gestionar una denegación antes de comprar nada

Todos los establecimientos instalan el lector y luego deciden sobre la marcha, delante de los huéspedes, qué debe hacer un empleado cuando la luz se pone roja. La respuesta debe definirse primero, porque determina el equipamiento. Si la denegación la gestiona una persona situada allí, basta con un lector con señal acústica y un cordón separador. Si el acceso debe denegarse sin personal, hace falta un torno o una puerta de control, lo que supone un coste un orden de magnitud superior y obliga a abordar la evacuación en caso de incendio. La mayoría de los resorts quiere lo primero y compra lo segundo.

El color hace más que el chip

Un socorrista a doce metros no puede leer una pantalla ni va a comprobar una pulsera, pero sí distingue un color. Cuando la norma de acceso a la zona es sencilla —solo adultos, esta piscina es para el ala que la ha pagado, los menores de ocho años deben ir acompañados de un adulto—, un código de colores en la pulsera permite hacerla cumplir continuamente, durante todo el día y en toda la zona de piscina, sin ningún equipo. El chip resuelve los conflictos en la puerta. El color evita que surjan en la zona de piscina.

Manos mojadas y la lectura que falla

Las lecturas que fallan en la puerta de una piscina no se deben al chip. Se deben a una pulsera mojada presionada contra la ventana de lectura también mojada, con el antebrazo mojado justo detrás; esta combinación desintoniza la antena lo suficiente como para provocar un fallo en condiciones límite. El problema se resuelve manteniendo la pulsera a un centímetro del cristal, en lugar de presionarla contra él, justo lo contrario de lo que todo el mundo hace por instinto. Conviene indicarlo en la señalización y comprobarlo durante la puesta en marcha con una pulsera realmente mojada, no con una seca recién sacada de la caja.

Qué hay que definir

  • Llegadas por minuto en hora punta en la puerta más concurrida, no el total diario
  • Si al huésped rechazado lo detiene una persona o una barrera
  • Cuántos niveles de acceso existen y si el color puede soportarlos
  • Si la misma pulsera debe servir también en bares, taquillas o spa
  • Altura de montaje del lector, contando con niños y usuarios en silla de ruedas

La compatibilidad queda sujeta a la confirmación de su sistema de cerraduras, la tecnología de credencial y los requisitos de codificación.

Acceso a piscina y zonas

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Un juego de muestras por establecimiento es gratuito, con el envío estándar a una dirección comercial incluido. Los juegos adicionales, el envío urgente y las muestras impresas a medida se presupuestan aparte.